Artes marciales y natación podrían mejorar las habilidades motoras en niños con autismo, según estudio
Los deportes organizados podrían convertirse en una herramienta importante para favorecer el desarrollo motor de niños con trastorno del espectro autista (TEA). Una nueva revisión científica concluyó que disciplinas como las artes marciales, la natación, la gimnasia y el tenis de mesa pueden contribuir a mejorar habilidades como el equilibrio, la coordinación y el control de los movimientos, aspectos que suelen representar un desafío para muchos menores con este diagnóstico.
El estudio, publicado el 22 de julio en la revista científica Developmental Medicine & Child Neurology, analizó la evidencia disponible sobre programas deportivos dirigidos a niños de entre 4 y 13 años con un diagnóstico formal de autismo.
Aunque las dificultades motoras no forman parte de los criterios principales para diagnosticar el trastorno del espectro autista, investigaciones previas estiman que entre el 50 % y el 88 % de los niños con esta condición presentan algún grado de alteración en el desarrollo motor. Estas pueden manifestarse como problemas de equilibrio, coordinación entre la vista y las manos, control de los movimientos finos o destreza manual.
Estas dificultades no solo repercuten en actividades cotidianas como escribir, vestirse o manipular objetos, sino que también pueden limitar la participación en juegos, deportes y otras actividades recreativas. Como consecuencia, algunos niños experimentan menos oportunidades de interacción con sus compañeros y pueden desarrollar ansiedad durante el juego o en situaciones sociales.
Para conocer si el deporte organizado puede ayudar a reducir estas dificultades, los investigadores revisaron los resultados de 11 ensayos clínicos que evaluaron diferentes programas deportivos adaptados para niños con autismo.
Los hallazgos mostraron que las artes marciales fueron las intervenciones que ofrecieron los resultados más consistentes. Los participantes experimentaron mejoras importantes en el equilibrio, las habilidades motoras generales y el control de objetos. Dentro de esta categoría, los programas de tai chi destacaron por producir algunos de los efectos más favorables.
El entrenamiento acuático también mostró beneficios significativos. Las actividades realizadas en el agua ayudaron a fortalecer el equilibrio, mejorar las habilidades motoras y favorecer un mejor control de los movimientos durante distintas tareas.
La revisión identificó además resultados positivos en otros deportes. La gimnasia y los ejercicios en trampolín contribuyeron a mejorar el equilibrio y la coordinación bilateral, es decir, la capacidad de utilizar ambos lados del cuerpo de forma coordinada. Por su parte, el tenis de mesa mostró beneficios en el desarrollo de las habilidades motoras gruesas, relacionadas con movimientos amplios como correr, lanzar o desplazarse.
Entre todas las capacidades evaluadas, el equilibrio fue la habilidad que mostró mejoras más constantes, independientemente del deporte practicado. Esto sugiere que la actividad física estructurada puede desempeñar un papel importante en el fortalecimiento de esta función, que resulta esencial para muchas actividades de la vida diaria.
La autora principal del estudio, Sonia Khurana, profesora adjunta de Ciencias de la Rehabilitación en la Universidad Old Dominion, en Estados Unidos, explicó que este tipo de programas ofrece beneficios que van más allá del entretenimiento.
Según la investigadora, las intervenciones deportivas organizadas pueden convertirse en una estrategia complementaria para apoyar el desarrollo motor de niños con autismo y favorecer una mayor participación en actividades físicas y sociales.
No obstante, los autores también señalan que los resultados deben interpretarse con cautela. Aunque la evidencia disponible es prometedora, la mayoría de los estudios analizados incluyó un número reducido de participantes, por lo que consideran necesario realizar investigaciones más amplias y con metodologías más robustas antes de emitir recomendaciones definitivas.
Los especialistas destacan que estos programas no sustituyen las terapias de rehabilitación ni los tratamientos indicados para cada niño, sino que pueden funcionar como un complemento dentro de un enfoque integral que promueva el desarrollo físico, emocional y social.
La revisión refuerza la importancia de crear espacios deportivos accesibles e inclusivos, donde los niños con trastorno del espectro autista puedan desarrollar sus habilidades motoras, fortalecer su confianza y participar activamente en actividades recreativas adaptadas a sus necesidades.