Inflación invisible: bajan los alimentos, pero los servicios siguen castigando el bolsillo

La inflación general cayó a 3.55%, pero la subyacente subió a 4.12%, presionada por hoteles, vuelos y renta.

La inflación general en México se desaceleró a 3.55 por ciento anual durante la primera quincena de junio de 2026, de acuerdo con el reporte del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Sin embargo, el índice de precios subyacente, que excluye productos con alta volatilidad como frutas, verduras y energéticos, registró un incremento anual de 4.12 por ciento, impulsado por el comportamiento de mercancías y, en particular, de servicios. Esta divergencia entre el dato general y el subyacente explica por qué buena parte de la población percibe que los precios siguen subiendo, aunque las cifras oficiales muestren una moderación.

De acuerdo con el organismo estadístico, en la primera quincena de junio el Índice Nacional de Precios al Consumidor disminuyó 0.11 por ciento respecto a la quincena anterior, lo que llevó la inflación general anual a su nivel más bajo en varios meses, luego de ubicarse en 3.94 por ciento en mayo. Dentro del índice subyacente, los precios de las mercancías subieron 0.11 por ciento a tasa quincenal, mientras que los servicios avanzaron 0.27 por ciento en el mismo periodo, una diferencia que confirma que el componente de servicios continúa siendo el más persistente dentro de la canasta de consumo.

El índice no subyacente, en contraste, cayó 1.14 por ciento a tasa quincenal, arrastrado principalmente por una disminución de 5.24 por ciento en los precios de frutas y verduras. Esta caída en productos agropecuarios es la que explica la mejora visible del dato general, el que más se difunde y comenta, mientras que los rubros que componen el gasto cotidiano de una familia urbana —vivienda, transporte, comida fuera de casa, salud privada y colegiaturas— continúan moviéndose en sentido contrario.

El factor que ha intensificado esta brecha en las últimas semanas es la Copa Mundial de la FIFA 2026, que arrancó el 11 de junio con sede en el Estadio Azteca. De acuerdo con datos recopilados durante la primera mitad de mayo, los boletos de avión subieron 13.3 por ciento, el mayor incremento desde diciembre de 2024; los servicios de restaurante se encarecieron 6.1 por ciento; las tarifas hoteleras aumentaron 5.2 por ciento; y los paquetes de viaje registraron un alza de 4.8 por ciento. Al monitorear las 55 principales ciudades del país, se encontraron aumentos en todos los rubros relacionados con viajes y turismo, superiores a la inflación general de ese periodo.

El componente aéreo ha sido de los más golpeados por la demanda asociada al torneo. En la primera quincena de mayo, el transporte aéreo registró una variación quincenal de 4.34 por ciento, ubicándose entre los rubros que más incidieron en la inflación nacional de ese periodo. Análisis de instituciones financieras estiman que los boletos de avión en el país podrían aumentar alrededor de 50 por ciento durante junio y julio, con algunas rutas que incluso podrían duplicarse o triplicarse por la demanda de aficionados en las ciudades anfitrionas, una situación que se prevé se revierta en su totalidad hacia agosto.

El sector hotelero ha mostrado el comportamiento más extremo dentro de este fenómeno. Un hotel en la Ciudad de México que costaba 157 dólares por noche a finales de mayo se ofertaba en 3,882 dólares para los días del partido inaugural, mientras que las rentas de vivienda para estancias cortas mostraron aumentos de entre 25 y 40 por ciento en zonas cercanas a los estadios. Con base en ese comportamiento, se calcula que los incrementos en tarifas hoteleras en el país podrían ubicarse entre 200 y 275 por ciento, dependiendo de la ciudad, con una reversión esperada de hasta 95 por ciento una vez concluido el torneo.

Esta presión de precios ya se refleja en el comportamiento de los consumidores. Una encuesta reciente mostró que la población ha postergado sus salidas de esparcimiento, asociando esta tendencia con el encarecimiento generalizado de los servicios turísticos; el indicador relacionado con las condiciones para salir de vacaciones se ubicó en 37.5 puntos, por debajo de los 41.8 puntos registrados en mayo de 2025. La misma consulta también mostró una caída en la confianza de los mexicanos respecto al comportamiento de los precios en los siguientes 12 meses, al pasar de 18 a 15.3 puntos.

Especialistas coinciden en que el llamado «efecto Mundial» será transitorio, pero suficiente para mantener la inflación general por encima del rango objetivo de Banxico durante varios meses. Algunas proyecciones estiman que la inflación general podría cerrar 2026 en 4.2 por ciento anual, presionada por el aumento en el consumo de turismo, hospedaje y restaurantes, en un escenario donde el sector servicios ya registraba una inflación anual de 4.57 por ciento hasta mayo. Bajo ese análisis, la inflación general aumentaría alrededor de 36 puntos base entre el 11 de junio y el 19 de julio como consecuencia directa de la Copa Mundial.

El contraste geográfico también es relevante para entender el fenómeno. Entre las entidades con mayores variaciones en el Índice Nacional de Precios al Consumidor durante la primera quincena de junio se encontró Quintana Roo, estado que concentra una fuerte actividad turística y hotelera, junto con Aguascalientes y el Estado de México. Esta dispersión regional confirma que el costo de vida no avanza de manera uniforme en el país: mientras el promedio nacional luce contenido, ciudades con alta demanda turística o de servicios concentran presiones de precios mucho mayores que el resto.

El resultado de este fenómeno es lo que distintos economistas describen como «inflación invisible»: un dato oficial que mejora en el agregado nacional, mientras que los gastos que más pesan en el presupuesto de una familia urbana —vivienda, transporte, comida fuera de casa, salud y educación privada— continúan encareciéndose a un ritmo más acelerado. Esta diferencia entre el indicador general y la experiencia cotidiana de consumo es la que explica, en buena medida, por qué la sensación de que «todo está caro» persiste incluso cuando las cifras oficiales muestran una desaceleración.