Un estudio detecta un parásito intestinal en miles de gatos y advierte sobre variantes que pueden infectar a humanos
La convivencia con gatos puede aportar compañía y bienestar emocional, pero también implica responsabilidades relacionadas con su salud y la prevención de enfermedades infecciosas. Un estudio publicado en la revista científica PLOS One identificó la presencia de Giardia duodenalis, un parásito intestinal, en el 6.3 por ciento de los 157 mil 616 gatos analizados en Norteamérica. Entre los animales positivos, el 18.5 por ciento portaba variantes genéticas capaces de infectar tanto a humanos como a otros mamíferos.
Los resultados no demuestran que los gatos infectados hayan transmitido el microorganismo a sus tutores. Sin embargo, muestran que algunas mascotas pueden portar variantes con potencial zoonótico, es decir, capaces de pasar entre animales y personas, por lo que los investigadores destacan la importancia de mantener medidas preventivas y controles veterinarios.
La investigación examinó registros de pruebas realizadas entre el 8 de marzo de 2022 y el 31 de agosto de 2023. Las muestras procedían de 49 estados de Estados Unidos y cinco provincias de Canadá, lo que permitió obtener una perspectiva amplia sobre la presencia del parásito en gatos domésticos.
Los investigadores utilizaron resultados de un laboratorio comercial de referencia que aplicó la reacción en cadena de la polimerasa, conocida como PCR, una técnica molecular que detecta fragmentos de material genético en muestras de materia fecal. Además de identificar al microorganismo, el método permitió reconocer distintos grupos genéticos, una diferencia importante para evaluar su posible relación con la salud humana.
Qué es Giardia duodenalis y cómo puede afectar a los gatos
Giardia duodenalis es un protozoo microscópico que puede colonizar el intestino delgado de diferentes animales y de las personas. Su ciclo de vida incluye los quistes, formas resistentes que salen al ambiente a través de las heces y pueden llegar a otros huéspedes cuando son ingeridos.
La contaminación del agua, los alimentos, los objetos o las superficies puede facilitar la exposición. Por ello, la transmisión no depende exclusivamente del contacto directo con un animal infectado: también puede ocurrir cuando una persona o una mascota entra en contacto con un ambiente contaminado.
En los gatos, la infección puede provocar diarrea, alteraciones digestivas, molestias abdominales y pérdida de peso. No obstante, algunos animales pueden portar el parásito sin presentar señales evidentes, lo que dificulta identificar el problema únicamente mediante la observación de su comportamiento.
La ausencia de síntomas tampoco significa necesariamente que el animal esté libre de microorganismos intestinales. Por eso, la evaluación veterinaria resulta importante cuando existen antecedentes de infección, cambios persistentes en las deposiciones o condiciones de convivencia que aumentan la exposición a otros animales.
Por qué algunas variantes del parásito preocupan más a los especialistas
Los científicos distinguen varios grupos genéticos de Giardia duodenalis, conocidos como ensamblajes y clasificados con letras de la A a la H. Estos grupos presentan diferencias en su distribución entre especies animales y en su relevancia para la salud pública.
Los ensamblajes C y D se relacionan principalmente con perros; el E aparece sobre todo en animales ungulados; el F se asocia de manera predominante con gatos; el G se encuentra en roedores, y el H se ha identificado en mamíferos marinos como focas y lobos marinos.
Los ensamblajes A y B tienen especial interés epidemiológico porque pueden infectar a seres humanos y a distintas especies de mamíferos. Su identificación en gatos indica que existe una posible conexión entre la circulación del parásito en animales y la exposición humana, aunque no permite establecer por sí sola cómo ocurrió una infección ni en qué dirección se produjo una transmisión.
De los 9 mil 962 gatos que dieron positivo a Giardia en el estudio, mil 840 portaban los ensamblajes A o B. Esta cifra equivale al 18.5 por ciento de los casos positivos. La mayoría de los gatos infectados presentó otros grupos genéticos, en particular el ensamblaje F, asociado principalmente con la especie felina.
La distinción es importante porque detectar Giardia no significa automáticamente que el animal porte una variante capaz de infectar a las personas. La caracterización genética aporta información adicional para orientar la vigilancia y las decisiones clínicas.
Los gatos jóvenes registraron más infecciones
La edad fue uno de los factores que mostró una diferencia considerable en los resultados. Los gatos menores de un año presentaron una prevalencia de Giardia del 10.7 por ciento, frente al 1.3 por ciento observado en los animales de mayor edad.
Entre los gatos jóvenes que dieron positivo, el 19.7 por ciento portaba los ensamblajes A o B. En términos absolutos, los investigadores identificaron mil 11 casos de posible interés zoonótico entre los 5 mil 137 gatos menores de un año que dieron positivo al parásito.
La mayor frecuencia entre los animales jóvenes podría relacionarse con su exposición a otros gatos, los cambios de ambiente y la convivencia en espacios compartidos, como refugios o criaderos. Sin embargo, el estudio fue retrospectivo y no permite atribuir la diferencia a una sola causa.
La investigación también encontró asociaciones entre la detección general del parásito y características como el sexo masculino, la falta de esterilización y la residencia en el Medio Oeste de Estados Unidos. En esa región, el 7.8 por ciento de las pruebas resultó positivo.
Al analizar específicamente los ensamblajes A y B, los porcentajes más altos entre los gatos infectados se registraron en el Noreste estadounidense, con 21.6 por ciento, y en el Oeste, con 20 por ciento.
También se observaron variaciones estacionales: durante el verano, la prevalencia general fue del 4.6 por ciento; en otoño alcanzó el 7.7 por ciento, y en invierno llegó al 8.1 por ciento. Estas diferencias describen patrones observados en los registros, pero no prueban que una estación específica sea la causa de las infecciones.
Los contrastes regionales y estacionales podrían estar relacionados con las condiciones ambientales, la densidad de animales, las prácticas de cuidado o las características de la población examinada. Los datos disponibles no permiten determinar cuánto contribuye cada factor.
Cómo detectar el parásito si el gato parece saludable
Debido a que algunos gatos infectados no presentan síntomas, los análisis de materia fecal pueden ayudar a detectar el microorganismo cuando existe una indicación veterinaria. Entre las herramientas disponibles se encuentran los exámenes coproparasitarios y las pruebas específicas para identificar Giardia. Las técnicas moleculares, como la PCR utilizada en la investigación, también permiten detectar su material genético y, en determinados casos, distinguir sus variantes.
Cuando la infección provoca síntomas, los tutores pueden notar diarrea, heces blandas, pérdida de peso, cambios en el apetito, vómitos o menor actividad. Estas señales no son exclusivas de la giardiasis, por lo que el diagnóstico debe realizarlo un profesional y no basarse únicamente en los signos observados en casa.
Un resultado positivo tampoco significa que la mascota haya contagiado a alguien de su entorno. La evaluación debe considerar el estado clínico del gato, sus antecedentes, las condiciones en las que vive y los resultados de las pruebas para determinar si necesita tratamiento o seguimiento.
En hogares con niños pequeños, adultos mayores o personas inmunocomprometidas, conviene prestar especial atención a la higiene y consultar al veterinario ante cualquier sospecha de infección. Estas precauciones no implican que sea necesario evitar la convivencia con los gatos, sino reducir la exposición a microorganismos que pueden encontrarse en las heces y el ambiente.
Medidas de higiene para reducir el riesgo en casa
Retirar las heces de la bandeja sanitaria con frecuencia es una de las medidas más importantes para mantener limpio el espacio del gato. También se recomienda lavarse las manos después de limpiar el arenero, manipular las deposiciones o realizar tareas de higiene relacionadas con la mascota.
La limpieza regular de la bandeja, los recipientes y las superficies ayuda a reducir la contaminación ambiental. Asimismo, es conveniente evitar que los animales tengan acceso a lugares donde se preparan alimentos y mantener una adecuada higiene de manos antes de comer.
Los gatos que viven exclusivamente dentro de casa tampoco están completamente libres de exposición a parásitos. Algunos microorganismos pueden ingresar al hogar mediante objetos, calzado, manos o superficies contaminadas. Por esta razón, los controles veterinarios deben adaptarse a las necesidades de cada animal, independientemente de que salga al exterior.
Si se confirma una infección, el veterinario puede indicar el tratamiento apropiado y las medidas complementarias para reducir la posibilidad de reinfección. No es recomendable administrar medicamentos por cuenta propia ni utilizar tratamientos antiparasitarios sin confirmar cuál es el problema.
Qué aporta el estudio a la salud de las mascotas y las personas
Una de las principales contribuciones de la investigación es la amplitud de la muestra. Los estudios previos sobre la presencia de Giardia en gatos habían mostrado resultados muy variables, con prevalencias de entre 0.2 y 44.4 por ciento, dependiendo de la región, el método de diagnóstico y la población examinada.
El análisis de más de 157 mil animales ofrece una referencia extensa sobre la circulación del parásito en gatos domésticos de Norteamérica. Además, la identificación de variantes genéticas permite distinguir entre la presencia general del microorganismo y los casos que merecen atención adicional por su potencial zoonótico.
Los autores destacan que las pruebas fecales y la caracterización de los parásitos pueden contribuir a mejorar la vigilancia veterinaria y orientar las decisiones clínicas. Sin embargo, los resultados no deben interpretarse como una medición directa de cuántas personas se infectan a partir de sus gatos, pues el estudio no siguió cadenas de transmisión entre animales y humanos.
La principal conclusión para los tutores es que la prevención no depende de alarmarse ante la posibilidad de un contagio, sino de mantener controles veterinarios, prestar atención a los cambios digestivos y adoptar hábitos de higiene consistentes. La convivencia responsable permite cuidar la salud de las mascotas y reducir riesgos para las personas que comparten el mismo hogar.