Ismael «El Mayo» Zambada, cofundador del Cártel de Sinaloa, conocerá su condena definitiva el próximo 20 de julio en una corte de Brooklyn, tras declararse culpable tras 30 años prófugo.
El capo sinaloense, de 78 años, se declaró culpable el 25 de agosto de 2025 ante el juez federal Brian Cogan en el Distrito Este de Nueva York, cerrando así uno de los capítulos más buscados en la historia del narcotráfico mexicano. Zambada admitió ser líder principal de una empresa criminal continua y aceptó cargos bajo la ley RICO, lo que automáticamente conlleva una pena mínima obligatoria: cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. A esto se suma un decomiso pactado por 15 mil millones de dólares, una cifra que por sí sola ya marca récord en este tipo de procesos.
La detención del capo, ocurrida el 25 de julio de 2024 en un aeropuerto cercano a El Paso, Texas, estuvo rodeada de misterio durante meses. Zambada aterrizó ahí en una avioneta privada junto a Joaquín Guzmán López, hijo de «El Chapo» y también prófugo de la justicia estadounidense. La versión oficial quedó establecida hasta finales de 2025, cuando el propio Guzmán López reconoció en su acuerdo de culpabilidad que orquestó una emboscada: mandó a un grupo armado a someter a Zambada con el pretexto de mediar una disputa política en Sinaloa, todo para ganarse el favor de Washington. El relato de Zambada coincide en lo esencial —fue citado a un rancho, encapuchado, atado y subido a una camioneta— aunque él insiste en exigir que se esclarezca por completo el asesinato de Héctor Melesio Cuén, exrector de la UAS, un tema que sigue pesando fuerte en la política sinaloense.
Durante la audiencia de agosto, Zambada dijo «culpable» en español y desglosó ante la corte la magnitud de la operación que dirigió: relaciones con productores colombianos de cocaína, rutas de importación por mar y aire, y una red de sobornos a policías y militares mexicanos para poder operar sin problema alguno. En una carta que él mismo leyó durante nueve minutos, contó que sembró marihuana por primera vez en 1969, a los 19 años, en Culiacán, y reconoció haber traficado al menos dos millones de kilos de cocaína hacia Estados Unidos entre 1980 y 2020. También admitió, sin rodeos, que ordenó ejecuciones para proteger los intereses de su organización.
La fiscal general Pam Bondi viajó personalmente a Brooklyn para el anuncio y no se guardó nada: calificó al capo de «terrorista extranjero» y celebró la declaración de culpabilidad como una «victoria histórica». Según Bondi, Zambada «vivía como un rey» y ahora «vivirá como un criminal el resto de su vida». La funcionaria aprovechó también para lanzar un dardo directo sobre el fentanilo, señalando que organizaciones como el Cártel de Sinaloa compraron precursores químicos en China para fabricar la droga en México y después inundarla en territorio estadounidense.
Sin embargo, no todo ha sido tan claro para el gobierno estadounidense. El abogado defensor Frank Pérez ha remarcado en repetidas ocasiones que no existe ningún acuerdo de cooperación entre Zambada y Washington ni con ningún otro gobierno, desmintiendo así la narrativa de un capo dispuesto a soltar la sopa. Pérez incluso transmitió un mensaje de su cliente al pueblo de Sinaloa, pidiendo calma y llamando a evitar más violencia en el estado.
La fecha de sentencia se ha movido tres veces desde enero de 2026. Originalmente estaba prevista para el 13 de enero, pero la defensa alegó que la inestabilidad en México le impedía reunir cartas y testimonios de mitigación. Después se pospuso al 13 de abril, luego al 18 de mayo, y finalmente quedó fijada para el 20 de julio en la Sala 10A Sur de la Corte Federal de Brooklyn. El calendario judicial es estricto: este 6 de julio venció el plazo para que la defensa presentara su memorando de sentencia y sus objeciones al Informe Presentencial, mientras que la fiscalía tiene hasta el 13 de julio para responder.
Un dato que no pasa desapercibido entre los seguidores del caso: según su propio abogado, Zambada preferiría morir en México antes que ser trasladado al penal de máxima seguridad ADX Florence, en Colorado, la misma prisión donde actualmente cumple condena «El Chapo» Guzmán. Por ahora, el capo sinaloense permanece recluido en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, mientras espera el fallo que lo condenará de forma definitiva.
El contraste con los hijos de «El Chapo» resulta inevitable. Ovidio y Joaquín Guzmán López, quienes también se declararon culpables durante el verano de 2025, ya no se encuentran en prisiones federales y sus sentencias están programadas para este mismo año. La diferencia de trato entre el capo que se niega a cooperar y los «Chapitos» que sí lo hicieron se ha convertido en uno de los ejes narrativos más comentados de todo el proceso judicial contra el Cártel de Sinaloa.
Legalmente, hay poco margen de sorpresa para el 20 de julio: el cargo de empresa criminal continua obliga al juez Cogan a dictar cadena perpetua, sin posibilidad de otra pena. Lo verdaderamente incierto es qué contendrá el memorando de la defensa, si Zambada decide hablar de nuevo como lo hizo en agosto pasado, y si se atreve a soltar más detalles sobre corrupción política en México y el caso Cuén, un asunto que sigue sin resolverse del todo en Sinaloa.

