Por Bruno Cortés
La economía mexicana muestra un rostro agridulce en este 2026. Por un lado, el comercio exterior con Estados Unidos no para de romper récords, mientras que la moneda local se fortalece y permite que la deuda externa, la más baja desde 1990, se mantenga a raya como porcentaje del PIB. Pero esta fotografía contrasta de manera brutal con la realidad diaria de las familias. La actividad productiva se enfrió hasta casi estancarse en el primer trimestre, el peso en los bolsillos pierde poder adquisitivo por la inflación y la pobreza sigue siendo una losa para millones de personas.
📉 Crecimiento a dos velocidades: el PIB se enfría mientras el súper peso brilla
El motor de la economía mexicana dio bandazos al arranque del año. El Producto Interno Bruto (PIB) se contrajo en el primer trimestre, mientras que, en contraste, la moneda nacional mostró una fortaleza inusitada. México está experimentando una desaceleración económica con un tipo de cambio extraordinariamente fuerte, un fenómeno que genera tanto oportunidades como dolores de cabeza para los distintos sectores productivos.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima un crecimiento anual de 1.6% para 2026, por encima del 1.3% que prevé el Banco Mundial, pero aún así insuficiente para generar el dinamismo que necesita el país. Analistas privados consultados por Citi son aún más cautelosos y calculan una expansión de solo 1.4% para este año. La propia Secretaría de Hacienda, en el extremo optimista, espera un crecimiento de hasta 2.8%, aunque la realidad de la contracción en el primer trimestre del año puso freno a cualquier euforia inicial.
A esto se suma un factor preocupante: la inversión fija bruta, un termómetro de la confianza empresarial a futuro, se desplomó un 3.3% en abril. Esta caída, la más pronunciada en seis años, refleja la incertidumbre que generan las tensiones políticas con el principal socio comercial.
📊 Superávit con EUA: la gallina de los huevos de oro que no termina de incubar
La balanza comercial con Estados Unidos es un oasis en medio del desierto. México presume con orgullo un superávit que parece no tener techo. Durante los primeros cuatro meses del año, el saldo positivo alcanzó la impresionante cifra de 121,584 millones de dólares, lo que representa un incremento de casi el 40% en comparación con el mismo lapso de 2025.
Estados Unidos se mantiene como el destino inamovible del 80% de las exportaciones mexicanas, una dependencia que es al mismo tiempo una bendición y una maldición. La fortaleza del comercio no ha logrado traducirse en un mayor dinamismo económico interno, evidenciando un desacople entre las exportaciones y el resto de la economía.
Este sólido desempeño se da justo en vísperas de la revisión del T-MEC prevista para 2026, un proceso que mantiene en vilo a los mercados y que podría redefinir las reglas del juego comercial en la región. La amenaza latente de nuevos aranceles o restricciones por parte de Estados Unidos es quizá el mayor riesgo que acecha a la economía nacional.
💸 Inflación y poder adquisitivo: el monstruo de mil cabezas que sigue vivo
La inflación se ha convertido en el dolor de cabeza número uno para las familias mexicanas. El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) no da tregua y el bolsillo de los ciudadanos lo resiente cada vez que van al supermercado o pagan un servicio.
La tasa interanual de inflación se disparó hasta un preocupante 4.59% en marzo, aunque logró moderarse en la primera quincena de mayo al 3.94%, un respiro que apenas si alcanza para mitigar el daño acumulado. Los alimentos y bebidas se han encarecido de manera alarmante: las frutas y verduras subieron más de un 5%, mientras que la tortilla, elemento esencial en la dieta de los mexicanos, no ha dejado de aumentar de precio.
El Banco de México mantiene la guardia en alto, pues la inflación subyacente (la que más le preocupa al banco central) se ubicó en 4.19% en mayo, todavía lejos de la meta del 3%. Este dato es crucial, ya que sugiere que los aumentos de precios son más profundos y difíciles de erradicar que los meramente coyunturales, lo que obliga a mantener las tasas de interés elevadas.
💰 Deuda externa: 591 mil millones de dólares con dos lecturas opuestas
La fotografía de la deuda externa mexicana es compleja y se presta a interpretaciones encontradas. En números brutos, la cifra asciende a un récord de 591 mil millones de dólares, una cantidad que a simple vista puede asustar a cualquier inversionista. Sin embargo, lo que celebra la Secretaría de Hacienda es la composición y el manejo de esa deuda.
Gracias a la fortaleza histórica del tipo de cambio, el gobierno logró que la deuda en moneda extranjera cayera a su nivel más bajo desde 1990, representando apenas 21.7% del total del pasivo público. En otras palabras, el 78.3% de lo que debe el país está en pesos. Esto reduce drásticamente la vulnerabilidad ante cualquier volatilidad externa que afecte al dólar. Al cierre de abril de 2026, la deuda pública neta del gobierno federal se ubicó en 15.3 billones de pesos, una cifra manejable debido a la reducción en el costo financiero.
El gobierno federal colocó 9 mil millones de dólares en los mercados internacionales en una sola operación en enero, lo que demuestra que, por ahora, el apetito por el riesgo país se mantiene intacto y los inversionistas confían en la estabilidad macroeconómica.
🧑🤝🧑 La pobreza: una reducción que no alcanza para 30.7 millones de mexicanos
Los avances en la reducción de la pobreza son uno de los pocos datos realmente alentadores en el frente social. La pobreza laboral, que mide la capacidad de los ingresos por trabajo para adquirir la canasta básica, cayó 3.2 puntos porcentuales en el primer trimestre, situándose en el 30.7% de la población. Esto significa que 3 de cada 10 mexicanos no tienen ingresos suficientes ni para comer bien.
La pobreza multidimensional, una medición más amplia del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), mostró una tendencia positiva entre 2018 y 2024, con una disminución de 12.3 puntos porcentuales, es decir, 13.4 millones de personas salieron de la pobreza en un periodo de seis años. Sin embargo, los estados del sur sureste como Chiapas, Guerrero y Oaxaca siguen registrando niveles de pobreza superiores al 50% de su población, y las carencias por acceso a seguridad social y a servicios de salud afectan a casi la mitad de los mexicanos.
Los programas sociales han ayudado a mitigar el golpe, pero los especialistas coinciden en que la única vía sostenible para erradicar la pobreza es la generación de empleos formales y bien remunerados. Con un crecimiento económico tan limitado, la meta de reducir la pobreza a niveles de país desarrollado parece aún muy lejana.

