Por Arturo Dávila
La Ciudad de México presenta una paradoja urbana estructural. Mientras el asfalto de la capital alberga a millones de habitantes, la Comisión Nacional de Vivienda (CONAVI) documenta un rezago histórico en el país que asciende a 8 millones 977 mil 409 unidades habitacionales. En la urbe, este déficit se manifiesta en el contraste diario entre la especulación inmobiliaria y la población que habita la banqueta, los camellones y las entradas de los edificios públicos.
A nivel nacional, la carencia de infraestructura habitacional impacta al 24.3 por ciento del parque inmobiliario existente. Esto significa que casi una cuarta parte de las construcciones en el territorio requiere mejoramiento, sustitución total o sufre de hacinamiento severo. El gobierno federal y distintos organismos del sector coinciden en redondear esta cifra a 9 millones de viviendas faltantes para cubrir la demanda estructural del país.
En el contexto chilango, la problemática no radica únicamente en la falta de obra gris, sino en la dinámica del mercado local. Datos recientes indican que la Ciudad de México cuenta con 2.76 millones de viviendas habitadas. Sin embargo, diversas estimaciones señalan la existencia de aproximadamente 200 mil inmuebles vacíos. Estas propiedades permanecen deshabitadas mientras el incremento en los costos de las rentas desplaza a los residentes tradicionales hacia la periferia o hacia la intemperie.
La cuantificación de las personas que pernoctan en el concreto capitalino expone una discrepancia metodológica entre las instituciones oficiales y los observadores independientes. El registro de quienes viven en situación de calle fluctúa drásticamente según la entidad que realiza el barrido en las colonias, avenidas y bajos puentes de la gran urbe.
De acuerdo con el Conteo de Personas en Situación de Calle 2023-2024, elaborado por la Secretaría de Bienestar de la Ciudad de México, la cifra oficial se establece en mil 124 personas identificadas en la intemperie. Este registro gubernamental delimita el alcance del fenómeno a poco más de un millar de habitantes sin techo en la capital.
Por su parte, las investigaciones independientes y los antecedentes estadísticos arrojan números superiores. Estudios recientes de la sociedad civil calculan que, al día de hoy, 2 mil 878 personas se encuentran en situación de calle. Esta cifra contrasta con el Censo de Población y Vivienda del INEGI de 2010, que en su momento documentó a 7 mil 334 personas en esta condición en la capital, incluyendo a quienes pernoctaban en la calle y a los alojados en albergues.
La controversia por los números se agudizó tras el Censo de 2020, cuando el propio INEGI estimó que a nivel nacional existían apenas 5 mil 700 personas en situación de calle, asignando solo unas 900 a la Ciudad de México. Organizaciones civiles que operan en el asfalto capitalino cuestionaron duramente esta estadística, al considerarla incongruente con la evidencia empírica visible en el trazado urbano.
Para los habitantes de la Ciudad de México, este panorama configura un entorno donde el acceso al suelo es restrictivo. El desplazamiento por motivos económicos obliga a los trabajadores a recorrer largas distancias desde municipios conurbados del Estado de México, mientras que quienes pierden su patrimonio terminan integrando la demografía de la banqueta, utilizando el espacio público como alternativa de resguardo nocturno.
La administración local mantiene operativos de atención en zonas como el Centro Histórico, La Merced y la colonia Roma, donde se concentra la mayor parte de los inmuebles deshabitados y la población a la intemperie. El reto estructural persiste año tras año, manteniendo a la metrópoli en un estado de tensión constante entre el desarrollo vertical de su mercado inmobiliario y la realidad horizontal de su espacio público.

